Diez años de trabajo

La Soledad, a veces, es algo más que un sentimiento, es un recorido del todo a la nada. Un camino de 10 años, un camino que se ha completado con la colaboración de gran número de compañeros que han ayudado a hacerlo, a construirlo, el camino, más fácil, más simple, más humano, pero quizás, y principalmente, más acompañado.

Son pequeñas piedras que han llenado los huecos que la soledad intenta vaciar, aunque algunos no tan pequeños han copado una gran base de ese camino. Pero a veces esa soledad soplaba los vientos de la desesperanza y siempre estaba ahí, un compañero que ha querido acompañarme, ayudarme o simplemente no dejarme caer por el viento que seguía soplando; un compañero que a veces lo haría fácil y otras no tanto, incluso difícil, un compañero que a veces me enorgullecía y otras llenaba mi sentidos de amargura, pero siempre, siempre, siempre estaba ahí haciendo el camino, era el camino, era mi trabajo.

Pero que mala fortuna que un desgraciado terremoto haya cortado ese camino, esa compañia, ese trabajo en un abismo de realidad absolutista que me ha dejado al borde de la nada, un desgraciado acontecimiento que me obliga a coger un nuevo camino.

Abandono atrás casi todas esas piedras que me protegían de los vientos de la soledad que ahora gana terreno en mi nuevo camino. Estos 10 años no han sido en vano y si algo me han enseñado es que en mi nuevo camino lo primero que tengo que hacer es olvidar el anterior y todas las piedras que dejo atrás; y de nuevo comenzar otro camino, con nuevas piedras, que llenen los huecos dejados por las olvidadas por las que ya forman una excelente obra, un excelso camino de 10 años.

Quizas haya que mirar hacia delante, pero nunca olvidar lo que se deja atrás. Por dura que haya sido la ruptura siempre hay pistas que te ayudan a recordar que tu eres parte de ese camino y que igual que tu dejas atrás otras piedras, esas piedras se desprenden también de ti y que formas parte de sus caminos y para los que sí eres importante y para los que incluso eras una de esas grande piedras en que se basaban y de las que a veces es tan difícil suplir.

Un abrazo para todas mis piedras y siempre sereis bien recibidas en mi nuevo camino, allí os espero y recordad siempre es posible que nuestros caminos se vuelvan a unir una vez que hayamos acabado con las malas hierbas y los degraciados eventos solo sean recuerdos que estamos olvidando.

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