De visita en París

Durante los primeros días de la semana he estado de visita en la capital gala. Por norma general, esto no debería plantear muchos problemas, pero seguro que no en mi caso, aunque como dicen algunos «estamos trabajando en ello» para solventar estos inconvenientes.

Además de los meramente personales, todo viaje como usuario de aeropuertos se puede convertir en un camino al calvario. Todo dependerá de la sonrisa profiden que pongas al guardía de seguridad del arco de acceso y de lo raro que sea lo que llevas en la mochila del ordenador. Sin duda una buena sonrisa hace milagros, pero más aún el evitar portar elementos de difícil explicación técnica. Intentar explicar a un neófito que el artilugio que llevas en la maleta es un gadtet para visualizar el estado en el messenger o que la bola antiestress que llevas no es ningun componente plastico de una bomba.

Han pensado en subir el nivel intelectual de estas personas. Al menos requieran que hablen un par de idiomas.

Salvada la ida con suma integridad y unicamente con una sonrisa. El avión despega y aterriza sin demora, que en los tiempos que corren también bastante suerte la mía. Como segunda caida en el calvario, el taxi para poder desplazarte, no hablan tu idioma, eso es pedir demasiado, no hablan inglés y con dificultad se expresan en su francés nativo ? Eso sí, se creen los mejores conductores de toda la inmigración, que mal han hecho las peliculas Taxi en la juventud francesa de los años noventa.

Doy gracias a san GPS, el nuevo angel de la guarda de muchos de los taxistas mundiales, atrás quedó aprenderse el callejero para pasar a saber deletrar los nombres de las calles. Pues nada más perderse lo achacó al «maldito aparato», aunque fue este engendro del diablo el que le permitio encontrarse en el laberinto de una zona industrial, llegar a destino 55€, llegar vivo no tiene precio.

Detalles aburridos del trabajo, la mala consideración y el típico chovisnismo francés,rellenan los huecos entre hotel y hotel. Lo mejor de todo el viaje. Merece la pena escuchar hoteles como esta, su canción parece no te va a gustar pero su dulce melodía de cercanía, sencillez y gourmet te envuelven: Campanile.com

Y regreso, no sin antes adelantar la vuelta, todo un lujo. Me percato de que al menos en es este pais tambien se sufre del mismo dolor que los aeropuertos patrios, más aún pues aquí la francofonía es la norma.  Para terminar, tras un aterrizaje de lo más movido, permanecemos a la espera de entrada a la terminal durante más de tres cuartos de hora, cosas que pasan.

Los aviones son dificiles de tratar, pero creo que las personas que los rodean lo son aún más. Para un viaje del que no se sabe el regreso, salir el lunes y regresar el miercoles es una suerte. Lo más difícil estar solo. Recuerdo para navegantes: el acceso a internet con webcam es genial para la soledad.

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