La oveja friolera

Un día, llegando ya el invierno, un granjero le dijo a cierta oveja de su granja: Oveja ya va siendo la hora del esquilado. Preparate que mañana te toca. Pero al día siguiente la oveja se nego a que le quitaran sus lanas, así paso ese invierno, de nuevo llegaron la primavera el verano, muy caluroso con todo aquel vellón, el otoño y de nuevo el invierno y el esquilado.

Pero de nuevo la oveja se nego a ser esquilada, así pasaron varios años, y con cada uno de ellos el tamaño de la oveja aumentaba y aumentaba, y cada vez le era más dificil el caminar, ya que con tanta lana le era imposible ver el camino.

Todo continuó igual hasta que la oveja en uno  de sus pocos paseos al prado para tomar hierva se quedo enganchada con las lanas  en la puerta del cercad, con tan mala fortuna que no podía ni entrar ni salir.

La oveja pidio ayuda hasta que el granjero llegó y le ofreció la solución cortar todas aquellas lanas. La oveja comprobando que no podía hacer otra cosa accedio y el granjero con sus tijeras de podar esquilo a la oveja.

Aunque el granjero, sabiendo la razón ultima de la oveja con la lana sacada a la oveja hizo una pequeña manta para cada una de sus compañeras  y así la oveja al año siguiente no se opuso al esquilado porque entendio que era por su bien, y además ahora siempre estaría calentita con su pequeña manta.

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